Os presentamos algunas de las tropas de los partos que estarán en Traianus... Partia en el juego Traianus

Caja del nuevo juego ONUS! TRAIANUS

“El hombre persa debe saber montar a caballo…”. Ariobarzanes recordaba esta sentencia secular, atribuida a sus antecesores persas aqueménidas, mientras guiaba a su caballo, en pleno galope, con sutiles toques de rodilla. El veterano corcel respondía a las órdenes de su jinete como si ambos constituyeran un solo ser. Seguido de cerca por su portaestandarte, Ariobarzanes servía, así, de referencia a la veloz maniobra de todo el escuadrón de diestros arqueros montados partos bajo su mando. En un excelente orden, el centenar de jinetes avanzaba a toda velocidad hacia el ala de equites romanos que, frente a ellos, maniobraba para proteger las formaciones de su castigada infantería auxiliar.

“El hombre persa debe saber disparar con arco…”. El verbo se transformó en acción en pocos segundos, después de que el oficial parto hiciera un gesto con el brazo del arco y desviara unos grados su galopada. Todo el escuadrón giró con suave precisión y, entonces, hasta el último de ellos tomó una flecha de la aljaba y tensó. Como todos los que iban en vanguardia, Ariobarzanes apuntó directamente a un enemigo que, con el viento en contra, se tragaba la polvareda de sus propios movimientos y la proveniente de sus adversarios partos. Los demás alzaron sus arcos en un ángulo bien calculado. Dispararon.

“El hombre persa debe decir la verdad…”. Los equites no tuvieron tiempo de responder. Ariobarzanes y sus jinetes contemplaron a muchos de sus enemigos caer derribados o perder sus monturas, en tanto los demás intentaban protegerse de la granizada de proyectiles como buenamente podían. Esa era la verdad que los arqueros montados partos y su comandante verbalizaron con sangre: que todavía no había en Oriente jinetes que rivalizaran con los súbditos del gran rey, rey de Partia, rey de Irán y de todo lo que no es Irán. Su rey.

No se pararon a saborear el éxito ni dieron respiro al enemigo. Ariobarzanes tomó otra flecha, tensó, apuntó y disparó con pasmosa agilidad, casi en una fracción de segundo. No miró a sus jinetes. No le hacía falta, pues sabía que hasta el último de esos arqueros, de coloridas vestimentas y cuidados mostachos, conocía su oficio y lo que debía hacer en cada brevísimo instante de los que jalonaban la vida de un jinete parto. Mientras unas pocas jabalinas erráticas jugaban a tratar de alcanzarle a él y a su tropa, el oficial parto derribó a tres jinetes romanos limpiamente. En el breve lapso de no más de diez segundos, toda un ala de caballería romana había resultado frenada en seco, diezmada y completamente desorganizada.

Ariobarzanes sonrió, hizo otro gesto con el brazo y, con él, todos sus jinetes giraron bruscamente, alejándose de sus confundidos enemigos sin aminorar la carrera, en tanto regalaban una última salva de disparos hacia atrás, ejecutando con maestría la clase de disparo a la que darían nombre, el afamado “disparo parto”. Habían triunfado: su fulminante ataque había evitado que esos mismos equites romanos interceptaran la brutal carga de catafractos de élite partos que, en ese instante, se abatía sobre la indefensa y desgastada infantería romana. Ariobarzanes dedicó una última mirada hacia las líneas enemigas, justo a tiempo de ver cómo una amenazadora masa de acero parto aplastaba sin misericordia la tambaleante formación enemiga. Una nueva victoria para los descendientes de Arsaces, legítimos herederos de la gloria Aqueménida.

Os presentamos algunas de las tropas de los partos que estarán en Traianus:

  • Elefantes indios: inteligentes y estrechamente unidos a sus jinetes, estas bestias son una excelente, rápida y maniobrable plataforma de combate, capaz, llegado el caso, de destrozar a casi cualquier enemigo.

  • Catafractos a camello: la combinación perfecta entre la mejor protección para hombres y animales, un adiestramiento de élite y las monturas más versátiles disponibles para el desierto.

  • Arqueros en camello: Guerreros acostumbrados al combate en los parajes más áridos de Mesopotamia y Persia, conocidos por su movilidad y su arrojo en cualquier circunstancia.

  • Arqueros nobles a caballo: la élite de las mejores tropas de línea del Imperio parto, aristócratas orgullosos de su destreza como jinetes y arqueros, veloces, certeros y fieles a su rey hasta la misma muerte.

  • Arqueros a caballo: hordas de diestros jinetes, omnipresentes en cualquier ejército de los reyes partos, capaces de avasallar al enemigo bajo una mortal lluvia de proyectiles.

  • Lanceros orientales: campesinos y siervos de la nobleza, movilizados en cualquier rincón bajo el cetro Arsácida para servir a la gloria de sus señores.

  • Sogdianos montañeses: su carga es capaz de hacer vacilar incluso a las mismísimas legiones romanas, una excelente infantería de choque a las órdenes del gran rey.

  • Espadachines partos: aunque no pueden compararse a sus rivales en el campo de batalla, estos soldados darán lo mejor de sí mismos para honrar el legado de los antiguos guerreros aqueménidas.

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